Hablar de recuerdos

 Publicado en Avenida Digital 3.0 el 18 de abril del 2016

“Mi memoria, culpable de un abuso,

Se alzaba contra lo que Dios no quiso:

Que hoy fuese ayer.”

Jorge Guillén

 

Existen tardes que, por alguna razón que desconozco, observo el pasado. Suele suceder cuando se tiene cierto número de años sobre la espalda, no soy un anciano, pero tengo los suficientes días para, en determinados momentos, perderme en los recuerdos. No quiere decir que me deje llevar por la nostalgia, eso lo hacen otro tipo de personas, más sensibles, con mayor inteligencia y dueños de grandes historias; yo no soy así, la capacidad de mi mente es completamente normal, así como mi pasado, que apenas puedo catalogar como mundano. La verdad es algo más sencillo: las memorias sencillamente llegan cuando quieren, sin controles ni filtros. Son aquellas cosas que, por causas desconocidas para mí, son imposibles de borrar, quedan fijas en el tiempo y, a veces, me remiten a épocas que, como soy terco, me niego dar por terminadas.

Mis remembranzas son hipócritas. Sé que puedo narrar con veracidad algunas de las cosas que me sucedieron, contar las historias de ciertos hechos en mi niñez, incluso con pequeños detalles. Pero no puedo saber si los años se han encargado de modificar en mi mente esas anécdotas para quedarme sólo con aquellas que son alegres o neutras. En otro nivel puede ser tragedias reescritas de tal manera que hoy, si duelen, las conservo para alimentar mi orgullo —un soberbio: “fui capaz de soportar eso”—, o solamente sirven para seguir rumiando viejos rencores. ¿Esto querrá decir que yo soy un mentiroso? Puede ser, la verdad no me interesa, puedo estar tranquilo con mis recuerdos y, para mí, eso es suficiente.

Estoy consciente que los recuerdos no son confiables y, sin embargo, soy leal a ellos. Los defiendo a pesar que en algunos de ellos todas las pruebas dicen que mienten. No me importa, son míos, y lo esencial: hasta hoy nunca me han traicionado.

En estas tardes también surge el deseo de regresar a lugares en los que estuve muchos días atrás, con amistades que dejé en aquella época. No me quiero engañar, más que buscar personas, espacios, lo que intento es volver a esa época para vivir lo que aparece en mi memoria. Se me olvida que todo quedó enterrado bajo pedazos de días, pueden ser inexistentes. A pesar de ello, lo he hecho con diversos resultados. Sí, he encontrado viejos amigos que no veía en años, con algunos puedo establecer una nueva relación, pero otros, al volverlos a ver, han cambiado de tal manera que lo mejor es olvidarme de ellos. Aquellos que quedan ya no son iguales, no puedo decir que hoy sean mejores, mi punto de comparación en el tiempo no es fiable.

Conservo, en medio de todo eso, un tipo de memoria que permanece intacta, de la cual estoy completamente seguro que no ha sufrido algún extraño giro dentro de mi mente durante el paso de los años. Hoy puedo comprobar ese hecho. Se trata de personas y lugares que me acompañaron en mi juventud, actividades que alguna vez hice, como: navegar en el Caribe con las velas desplegadas en El Rayo, acompañar a Thornton y Buck en su búsqueda de oro por Alaska, caminar junto al profesor Lidenbrock en un viaje bajo la tierra, correr por la selva del Seonee al lado de Bagheera, estar perdido en una cueva con Becky y Tom; entre muchas otras. Cuando tengo el deseo y tiempo las vuelvo a encontrar. Al hacerlo, descubro que están de la misma manera; el tiempo no ha mermado o modificado nada de lo me dejaron. Aquí mis recuerdos, además de leales, son honestos

En aquellos días no tenía manera de saber cuáles cosas serían perdurables, qué sucesos recordaría. A menos que sean eventos realmente trascendentes o impactantes, no poseo la capacidad de decidir qué sucesos se afianzan en mi memoria y cuáles irán al cajón del olvido. Es una pregunta difícil de responder: ¿Cómo puedo saber qué acontecimientos, vivencias de este día, perdurarán en mi futuro? No me importa, de todas maneras, acabaré por inventar mis historias y recuerdos. Siempre lo he hecho, además, también sé que existen otras: aquellas que algunas personas destacadas crearon y dejaron plasmadas en letras. Hoy les doy las gracias.

 

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