Lluvias

 

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 25 de junio de 2014

 

El verano llega a la ciudad, atrás quedan los días fríos, las carreras de los niños para llegar temprano a la escuela, las largas y frías noches y, para algunos afortunados, se abre la pequeña ventana de unas merecidas vacaciones. Entre las cosas que trae esta estación están las nubes grises con lluvias, algunas de ellas muy fuertes, lo que da la oportunidad de apreciar las bondades del gran desarrollo y la excelente calidad de vida que hemos creado en nuestras ciudades.

Existe en la Ciudad de México una obra de ingeniería maravillosa, un vivo ejemplo de las cosas que podemos hacer en nuestro país. Construimos el segundo piso de una importante vía rápida, es una obra monumental, enorme; con tanta atención a los detalles que logramos que, en cualquier torrencial aguacero, esta arteria se convierta en una extensión de los canales de Xochimilco. Una gran avenida, que se encuentra varios metros encima del nivel del piso de la ciudad, se inunda; es algo tan difícil de lograr que podemos tener la admiración de los ingenieros del mundo. Aún no sé por qué a nadie se le ha ocurrido, pero se podría aprovechar esta característica tan particular de esta vialidad para ofrecer paseos en lancha con vista aérea del paisaje de la Ciudad.

la fotoNo es por la falta de capacidad en la ingeniería mexicana que suceden estas cosas, es debido a la excelente planeación y supervisión de las obras que realizamos en este país. Las construcciones quedan sujetas a decisiones que tienen como objetivo lograr un buen desarrollo económico, combatir la pobreza, ahorrar dinero para no tener que preocuparnos por tener recursos para reparar los errores en el largo plazo. La terminal 2 del aeropuerto de la Ciudad de México se está hundiendo, pero no importa, los recursos ahorrados en su construcción nos permiten solventar de buena manera las acciones necesarias para evitar que continúe este problema. También, al erigir infraestructura, encontramos maneras de promover el empleo, no en el momento de la ejecución de la obra, sino llegamos más allá, dejamos ventanas para futuros empleos, cuando más falta pueden hacer. Por ejemplo, en el metro del Distrito Federal, las excelentes decisiones en la construcción de la línea 12 hoy permiten dar empleo a choferes y mecánicos de autobuses, que de otra manera habría perdido su trabajo. Poseemos recursos técnicos tan avanzados que se programa la repavimentación de las avenidas de la ciudad en esta época del año, con las lluvias que caen cada tarde, lo que a veces causa que se levanten pedazos de pavimento recién colocado; esto es algo bueno, hace que los conductores desarrollen reflejos que darían envidia a un piloto de Fórmula 1, sobre todo si estos trozos de asfalto se encuentran en las vías rápidas de la ciudad.

Escribo de estos encantos de la Ciudad de México porque es el lugar en donde vivo, el entorno que conozco bien. Sin embargo, estoy seguro que esta situación se repite en muchas ciudades de la República Mexicana, tal vez existen algunas excepciones, pero no creo que sean muchas. Todos tenemos historias para contar porque en cualquier parte se encuentran ejemplos de lo importante que es la posibilidad de hacer un “buen negocio” al efectuar una obra pública. Esto es algo que históricamente ha acompañado el desarrollo de nuestro país, siempre hemos escuchado quejas de la mala calidad que tiene la infraestructura, posiblemente su origen esté en el detalle fino de la ingeniería y ejecución en las obras, en solventar de buena manera la mezcla del “ahí se va, nadie se dará cuenta, así déjalo” con la distribución financiera de los recursos asignados a las obras —tiene que alcanzar para repartir a todos, no solamente al proyecto—, es algo que no es fácil de lograr, pero somos geniales, siempre lo hemos podido hacer. Además, como buenos ciudadanos, nos hemos acostumbrado a que las cosas sean así, no podemos imaginar un mundo de otra manera.

Sin embargo esta columna la escribo poco después del triunfo del Tri en Brasil frente a Croacia, la selección mexicana pasa a la segunda ronda en el Mundial, las ilusiones vuelven, se renuevan y se recargan. Eso es algo relevante e importante, lo que se pueda lograr con nuestro futbol; lo demás puede esperar algunas generaciones para ver si se algún día se resuelve. El verano ha llegado, disfrutemos esta estación del año, sus cálidas noches, sus lluvias y el tiempo que, al estar atorados en un “encharcamiento”, podemos aprovechar pensando en planes para el próximo invierno.

Tatuajes

 

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 16 de abril del 2014
 

La tranquila charla de sobremesa alegraba la tarde de ese sábado, sobre el mantel aún seguían las tazas de café que hacían compañía a un excelente pastel de chocolate. Era una reunión de viejos compañeros de una preparatoria, algunos de los cuales no se habían visto en años. Dos de ellos platicaban en un extremo de la mesa.

—Alejandro, en verdad, me alegra ver que tu sueño de ser un gran arquitecto se ha cumplido —dijo Mauricio, mientras veía con orgullo a su viejo amigo—. Hoy eres muy reconocido.

—Pues sí, no me puedo quejar. Mi despacho de arquitectura camina muy bien —respondió Alejandro mientras tomaba una rebanada de pastel —. Pero a ti tampoco te ha ido mal, tu desempeño como gerente de personal de una excelente empresa no debe ser fácil y también te ha ido muy bien.

—Tienes razón, no es fácil. Tuve que poner mucho orden para que las cosas caminaran —dijo con orgullo—. Como implementar varías políticas, por ejemplo: no aceptar solicitudes de trabajo de gente con antecedentes penales, tatuajes, aretes y cosas por el estilo. Ahora el personales mucho más confiable y la empresa también.

—¿En verdad crees que las personas con tatuajes son malas? —cuestionó con incredulidad Alejandro. Él tenía dos y Mauricio no lo sabía.

—No lo creo, es una realidad —respondió seguro de lo que decía.

Mauricio no quiso contestar a su amigo, cambió el tema de la plática para no tener una discusión estéril con él.

tatuaje face

Tendemos a colocar a las personas en patrones que están en nuestra mente. Antes de conocerlaslas colocamos en grupos con características definidas de manera general, creados por nuestra experiencia, costumbres, conocimientos. Así, los chilangos (personas que viven en la Ciudad de México) tienen características en apariencia bien definidas para las personas que no habitan en el Distrito Federal. Generalizamos sin pensar en la individualidad de cada uno

Si solamente fuera colocar a la gente en cajones no habría mucho problema, pero muchas veces no nos detenemos ahí, sino que juzgamos y con ello a veces premiamos o condenamos sin conocer.Vemos solamente ciertos aspectos que no la delimitan de manera completa, pero, para nosotros si la marcan. Es el caso de los tatuajes, por ejemplo, existen personas que creen que alguien con uno es una especie de delincuente, poco digno de confianza, informal. Lo definimos sin darnos la oportunidad de saber cómo es en realidad. También sucede en el caso opuesto, sobre todo con ciertos profesionistas como doctores, abogados, financieros; los vemos bien vestidos, hablan con mucho decoro profesional y consideramos que son excelentes, y por extensión, con buenas intenciones. La idea de que pueden ser honorables, serios, decentes puede ser errónea; ya que así los hemos visualizado sin conocerlos a fondo.

Lo hacemos todos, con todos. Hasta cierto punto es algo que nace de manera espontánea en nuestra mente, tal vez por la cantidad de información que acumulamos en el trascurso de los años. Sucede hacia los dos extremos: lo bueno y lo malo. Al ver a otro ser humano, casi de inmediato le colocamos etiquetas, únicamente basados en lo que vemos. Podemos tener errores que nos pueden costar mucho si nos quedamos con la idea previa, desde alejarnos de una persona que puede ser digno de nuestra admiración hasta el caso opuesto, dar toda la apertura de nuestra confianza a alguien que aún no sabemos cómoactuará. A pesar que es casi imposible no marcar a las personas con una idea preconcebida, es importante no quedarnos en las etiquetas. Lo que vale es que, a pesar de tener un prejuicio sobre alguien, rompamos esa barrera y nos demos la oportunidad de saber cómo es en realidad. Eliminar los prejuicios para poder apreciar la realidad de lo que conocemos, ignorar los acostumbrados filtros que impiden ver correctamente.

Esta conducta está siendo aprovechada y por lo mismo, aumentada, por los que manejan la publicidad. Se hacen a un lado los valores para fomentar una idea: lo que aparentamos es lo que somos. Por esta razón se vuelve importante adquirir bienes para convertirlos en el estuche de aquello que intentamos ser. Las cosas ya no se obtienen por el gusto de tenerlas, sino porque son las que “debemos” tener. En el afán de aparentar lo que deseamos, recurrimos a una serie de disfraces y conductas que llegan a ser falsas e incómodas. Se ha perdido gusto por obtener las cosas para tener una satisfacción personal; nuestras aficiones, preferencias, son lo que la “buena conciencia pública” indica que deben ser, no lo que nos agrada. Lo que realmente somos pasa a segundo plano, estamos más interesados en lo que puedan decir de nosotros.

Este hecho nos preocupa porque sabemos que, como juzgamos, nos juzgan. Nuestras relaciones por medio de Internet no escapan a esta realidad. Una foto incómoda, un comentario fuera de lugar puede ser suficiente para ser etiquetados en algo que no somos. Cada vez más las empresas revisan las redes sociales de sus empleados y candidatos a laborar en ellas, para verificar si no existe algún indicio de conducta inadecuada. Un instante, un descuido capturado en una foto que aparece en Facebook es suficiente para ser condenados.

No estamos fuera de estas circunstancias, nos rodean, hoy son parte de nuestra vida. Lo que sí podemos es darnos el tiempo para conocer a las personas que aparecen en nuestro camino, esperar para tener más bases y así poder hacer una apreciación personal, no importa si es buena o mala, lo primordial es que esté soportada por argumentos reales, no por una fachada. Si lo hacemos podemos evitar sorpresas desagradables, ya que no siempre las personas son lo que aparentan ser; o por el contrario, abrir la oportunidad para conocer gente que puede ocupar un lugar importante en nuestra vida. Los tatuajes no son malos, la persona que los tiene puede ser un excelente ser humano, nuestra tarea es descubrir si en realidad es así.

Un asunto familiar

                                                                                              Publicado en Avenida Digital 3.0 el 7 de febrero del 2014
 

Norma entró en la cafetería y vio que Leticia estaba ahí, esperándola. Al acercarse a saludarla se dio cuenta que el problema de su amiga era grave, su rostro reflejaba una angustia que no podía ocultar. Pidieron un par de tazas de café y comenzaron a platicar.

—¿Qué te pasa?, no me digas que tienes problemas con él otra vez. Pensaba que todo iba bien entre ustedes —dijo Norma mientras recordaba que unos meses atrás su amiga había tenido una discusión muy fuerte con su marido—. Por lo visto yo estaba equivocada, veo que hay contratiempos en tu casa.

—Sí, nada ha salido bien entre nosotros —respondió Leticia con voz temblorosa, casi llorando—. Cada día nuestra relación está peor, ya no aguanto pero no tengo el valor de dejarlo.

—¿Por qué?, ya lo has soportado muchos años. ¿Qué has ganado?, nada, sólo maltratos; creo que es momento que termines con él.

—Es que… no sé hacer nada… no tengo nada, ni siquiera una cuenta en el banco. Él nunca me dejó trabajar. ¿Cómo voy a vivir si me divorcio? —Ella hizo una pausa, su mirada reflejaba su triste realidad— Únicamente me queda seguir ahí, soportando.

Un trago de café, seguido por el triste silencio fue la respuesta de Leticia. Norma sabía que el destino de su amiga había sido marcado tiempo atrás y para cambiarlo se necesitaba de algo más que una simple plática o un sencillo consejo.

A todos nos gusta el poder. Algunos son muy buenos al utilizarlo, hacen que su equipo crezca, los apoyan y les ofrecen la oportunidad de aprender, marcan de buena manera la vida de los demás. Saben que en la medida que la gente que los rodean sea mejor, ellos lo serán también.

Existen personas que abusan del poder y viven decidiendo las acciones de otros, cambian de una manera terrible el camino de quienes están cerca. Mantienen su posición al impedir el crecimiento de los demás, su interés es que nadie sobresalga y permanezcan pequeños para que él sea el único con capacidad de mando. Tal vez parece un problema de tipo empresarial, pero es una realidad que se puede observar en muchos ambientes: el padre de familia que no permite a su esposa trabajar o estudiar, trata a sus hijos como estúpidos, haciéndolos inútiles en la vida; el profesor que ahoga la participación inteligente de sus alumnos porque no sabe las respuestas, el jefe que bloquea el desarrollo de sus subordinados más capaces para que no compitan con él.

Es una actitud donde se combinan características indeseables en una persona: la soberbia y la inseguridad por su falta de capacidad para dirigir personas, así como su miedo frente a la capacidad de los demás. “Nadie puede ser mejor que yo y debo cuidar que así sea”, es la idea fundamental en este tipo de gente, puesta en acción desencadena consecuencias terribles en las personas que los rodean. En el mejor de los casos, a ellos los abandonan, ya que nadie, en condiciones normales, está dispuesto a soportar a un superior que continuamente está golpeando la dignidad. En muchos casos no los dejan, si es el jefe de una familia —hombre o mujer— el resultado es un hogar en apariencia normal, pero en la que todos los miembros viven con temor, se crea un ambiente donde se desarrolla la inseguridad, la falta de estima y dignidad. Poco a poco esa vida se rodea de una violencia silenciosa, nadie se atreve a levantar la voz para indicar lo que está mal, porque el mismo miedo los hace callar.

Foto por Liliane Mendoza Secco
Foto por Liliane Mendoza Secco

En ese tipo de ambiente no existe lugar para el crecimiento, todo es tan mediocre como la mezquindad de la persona que tiene el poder. Lo emplean para ir minando la capacidad de avanzar y aprender de las personas que los rodean. La obediencia es la manera en que usan el poder para mantenerse en su posición. Utilizan el hipócrita pretexto de mantener la disciplina para no permitir conductas que desafíen su mando. No aceptan ideas discordantes a las de ellos, pues una idea así es una real amenaza ya que entrarían en terrenos que no conocen.

Es un mal que daña la sociedad en todos sus niveles. En las familias que se desarrollan en este ambiente se crean personas con baja autoestima, temerosas de enfrentar riesgos e incapaces de defender una postura con argumentos e inteligencia. Se siembran las semillas para que esta actitud dañina continúe, ya que los niños y jóvenes criados en esos hogares, seguramente repetirán la misma actitud de inseguridad y soberbia del que ocupó la posición de poder en su hogar, serán violentos al defender sus ideas porque no conocen otra manera de actuar.

Es difícil encontrar una solución, las personas que son así no aceptan esta realidad, su misma inseguridad crea un mecanismo que les impide aceptarlo, su soberbia siempre ganará la partida. Si el poder que tienen es fuerte, luchar contra ellos significa un juego perdido antes de comenzar. Para ellos cualquier medio es válido, incluso son capaces de usar la violencia física, para demostrar que son superiores y mantener su lugar.

La prevención es una buena medida, evitar convivir en lo posible con gente que ataque nuestra integridad. Ya sea en el trabajo o en una relación afectiva, es importante darnos cuenta que la dignidad es muy importante y defenderla. Educar a nuestros hijos en ese respeto a sí mismos y hacia los demás es muy importante; estaremos creando la capacidad de reaccionar a tiempo frente a esas personas inseguras, los que abusan de su fuerza. Lo más importante: estaremos formando hombres que sabrán usar el poder que tengan para el beneficio de todos lo que los rodean. Construiremos una sociedad menos egoísta, con mayor capacidad de desarrollo y mejor futuro.

Un poeta

 

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 23 de enero del 2014
 

La muerte es algo inevitable, presente siempre, cada instante. Existen ocasiones en las que se lleva a una especie rara de hombre, ese que tal vez no debería morir: el poeta. Ocurrió días atrás, el martes 14 de enero, en la Ciudad de México despedimos al poeta argentino Juan Gelman, un hombre cuya vida estuvo marcada por el dolor de perder a su hijo y nuera, asesinados durante la dictadura impuesta en su país así como por la intensa búsqueda de su nieta, secuestrada poco después de nacer por los golpistas de Videla y finalmente, vivió en el exilio, del cual nunca quiso regresar.

Se cuenta que fue un gran hombre, podemos estar seguros que era un gran poeta, verdaderamente grande: ganó todo lo que había que conseguir en cuestión de premios: el Rulfo, el Reina Sofía de poesía y el Cervantes en 2007. Se fue el escritor, pero nos dejó una herencia invaluable: su poesía. En sus versos existe una voz que dice las verdades que hemos dejado de percibir en el ritmo de esta vida agitada. Aquí las palabras de Juan Gelman en su poesía “Sobre la poesía”:

 

… volviendo a la poesía/

los poetas ahora la pasan bastante mal/

nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/

el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/

ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/

que un guerrero haga hazañas para que él las cante/

que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron

las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/

o simplemente los poetas/…

 

Duras palabras; llaman la atención sobre la realidad que enmarca nuestro tiempo: nos estamos olvidando de ciertas cosas que no se pueden valorar en términos económicos, más valiosas que muchas de las que nos ofrecen a cambio de dinero. El mundo no solamente se compone de los objetos materiales que se producen, es claro que la creación de riqueza es necesaria para dar un mejor nivel de vida a los habitantes de un país. Trabajos dignos, buenos salarios, tener una posibilidad real de desarrollo para todas las personas, es la base de una sana convivencia social. Sin embargo, existe otro tipo de actividades que también son muy importantes, aquellas que indican el marco dentro del cual lo que se hace está dentro de los límites de la dignidad humana.

La filosofía es una de estas actividades, los filósofos siempre están abordando los temas fundamentales del ser humano y su desarrollo, ¿qué somos?, ¿qué hacemos?, ¿por qué lo hacemos?, ¿a dónde nos lleva lo que hacemos?; cuestiones fundamentales para no perder el rumbo, para no permitir que pasemos a formar parte de un sistema en el cual nos convertimos en otro ente económico más y perder nuestra personalidad individual, sin la capacidad de un crear futuro trascendente.

La creación artística es otra de las funciones que no pueden ser medidas en términos puramente monetarios. Es verdad que algunas obras de arte llegan a alcanzar precios increíbles en subastas, pero no es el objetivo del mismo. Es una de las desviaciones que hemos creado en este universo marcado por el interés económico. El arte impacta el sentir de aquellos que lo experimentan, ya sea al crearlo o al apreciarlo. Es una de las maneras de mostrar a la personas, en lo más profundo del pensamiento, los efectos de lo que ocurre en el mundo; se crea un diálogo entre el artista y el público, en donde el creador manifiesta su posición frente a la realidad que le rodea: las cosas que se hacen, cómo se hacen, los valores o la ausencia de los mismo en su entorno. De una manera similar a la Filosofía, el arte también nos hace ver el rumbo que llevan nuestras actividades, pero de una manera más sensible, más personal.

No debemos dejar atrás la poesía pues es una de expresiones artísticas que hablan con mayor fuerza acerca de lo acertado o equivocado que tenemos en nuestro camino como humanidad. El escritor, el poeta observa, siente, piensa y escribe acerca de aquello que sabe que debe ser dicho, que no puede quedar en silencio. No tiene el cómplice interés de callar las cosas con tal de  obtener un beneficio (sobre todo económico), la necesidad de expresar por medio de la palabra lo que observa, decir de manera honesta lo que debe ser dicho, hace que sus ideas deban ser leídas con atención. No siempre hablará de la belleza de la vida, muchas veces pondrá el dedo en la suciedad, en la inmundicia que todos sabemos que existe pero que nadie habla de ella, como si el callar fuera suficiente para hacerla desaparecer.

La lectura lleva a lugares increíbles, nos hace existir en más vidas, en universos paralelos donde hay infinitas posibilidades de aventuras. Algunas veces evade el mundo, otras más lo analiza, en ciertas ocasiones da la oportunidad de plantear metas o lleva a lograrlas. El problema no es buscar un para qué leer, el verdadero meollo está en hacer que la gente le encuentre el lado útil a la lectura y de esta manera se pueda acercarse a ella. Los adolescentes preguntan: ¿Para qué leer, para qué poesía? Para enamorarte de ti mismo, del ser humano, para apreciar ese lado digno que debemos tener, esa es la respuesta. Ellos, que están carentes de algo que los ancle a la existencia, obtienen en la visión que puede dar la poesía la fuerza necesaria para conquistar los sueños y crearlos.

Para eso existe la poesía, Bécquer lo define muy bien cuando dice: “¿Qué es poesía? –Poesía eres tú.” Pues bien: Poesía eres tú que caminas por la calle, que trabajas, que luchas por un lugar en el mundo donde no hay espacio. Poesía es el vecino, el familiar, el amigo, el compañero de trabajo. Poesía es crear un espacio con las palabras para poder sobrevivir en un mundo donde el futuro es lo único que no importa y que, sin embargo, está a la vuelta de la esquina. La poesía es desgranar palabras para llegar más allá de dónde se posan nuestros ojos, poder ser empáticos y regalarle a los otros la sonrisa que hace la diferencia.

El mundo se mueve, cambia y se degenera. Hacen falta leer más poesía, hace aún más falta que las personas lean. Es una tristeza que muy pocas personas lean libros en México, somos un país con un nivel cultural muy bajo en la población, algo que es irónico ya que tenemos un pasado muy rico en este aspecto. Si paseamos por las librerías es una tristeza que la sección de poesía sea de las más pequeñas —cuando existe, porque en muchas no la encontramos—, señal que mucha gente no tiene interés en ella. La poesía es importante, es muy importante en nuestro mundo. Sin ella podríamos condenarnos, comenzaríamos a perder nuestros valores elementales, la posibilidad de un futuro digno. Es la voz que nos grita lo que no debemos hacer, que nos avisa del camino equivocado; como nos lo muestra el mismo Juan Gelman en su discurso de aceptación del Premio Cervantes en el 2007:

Juan Gelman
Juan Gelman

“…¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte.”

Cuestión de dignidad

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 13 de noviembre de 2013.

Fue una decisión personal. Fue en un municipio del estado de Veracruz, lejos de las grandes ciudades. Fue un acto que causó gran dolor y consternación en su círculo social: una joven de 22 años, Gabriela, se quitó la vida por una decepción amorosa. Antes de morir, colocó en Facebook su última foto con un mensaje de despedida. En él pedía perdón a su familia.

La noticia se propagó en las redes sociales, la fotografía que ella tomó antes del epílogo de su vida y esa última nota se hicieron virales. En el perfil de Facebook de Gabriela, su imagen provocó comentarios en tono de burla, demasiados. Mientras tanto, en Twitter comenzaron a surgir un gran número de mensajes, personas que aprovecharon el momento para intentar ser graciosas, llamar la atención. De un corte más que irónico, vergonzosamente festivo, colocaban textos con ideas que denigraban la más elemental dignidad humana. Llegó a tal punto el abuso de estos burdos textos que, por algunas horas, la etiqueta #MeSuicidoComoGabriela estuvo en los primeros sitios de popularidad.

Soy un asiduo usuario de las redes sociales. Considero que son poderosos instrumentos para aumentar nuestro nivel de comunicación y crear un mundo con mayor libertad, pero también son un espejo que muestra lo extraviados que estamos en aspectos básicos de nuestra convivencia como seres humanos. Parecería que lo ocurrido en el caso de Gabriela fue la diversión de varios para intentar caer bien a los demás, para ser más simpáticos. Lo peor es que lo lograron: se celebraron dichas tonterías, se divulgaron esos mensajes como si se tratara de algo gracioso. Ni siquiera pasó la idea que se podría estar cruzando la línea que nos define como seres humanos; una cosa es reírse de la muerte, como lo hacemos en México, y otra golpear el sentimiento de una familia así como la dignidad de quien tomó una decisión final.

Nos hemos burlado de una verdadera tragedia, un hecho que por sí mismo ha provocado en la historia amplios debates acerca del manejo de la libertad. El suicidio, algo muy serio, sigue siendo tema para amplias discusiones. Gabriela hizo una elección, la última de su vida. Nunca sabremos qué pasó por su mente en esos momentos, el hecho concreto es que ella murió, algo que no se puede revertir. Con su despedida, una gran tristeza se abatió sobre su familia. ¿Tenemos algún derecho de burlarnos de ello, de aprovechar su decisión para una serie de comentarios absurdos? ¿Lo hacemos porque estamos en un punto tan distante a ese dolor que somos incapaces de sentirlo?

“Es lo que genera el uso del Internet, lo que están haciendo las redes sociales en nuestro mundo”, podrían decir algunos. No, no confundamos las cosas. Esta falta de respeto no es un problema causado por Twitter, Facebook o Internet. Es síntoma de un problema más profundo, más grave. Es la muestra de la falta de dignidad y de visión a nuestra esencia como seres humanos; eso es lo que está manifestándose claramente en el uso de la tecnología que no usamos precisamente para comunicarnos.

Foto por Liliane Mendoza Secco
Foto por Liliane Mendoza Secco

No es posible ser testigo de lo que pasó en Internet sin levantar la voz, sin decir algo frente a tanta insensibilidad. Lo que asusta no es la posibilidad de maldad en lo que se generó en las redes sociales. Lo que verdaderamente preocupa es que fueron mensajes realizados en un tono completamente neutro, sin el menor razonamiento que tal vez, sólo tal vez, pudiera estar mal lo que se hizo. No solamente hemos dejado de pensar en nuestra dignidad, sino que nuestra escala de valores —que debería dar la voz de alarma cuando algo no va bien— no existe. Ahí es donde se encuentra el peligro, en la neutralidad frente a cosas que deberían llamar nuestra atención. No se trata de tomar una actitud moralista, sino decir claramente que burlarse así de la trágica pérdida de una vida atenta nuestra ya denigrada humanidad.

Fueron esos mensajes decisiones personales. Fue en el cómodo anonimato de las redes sociales. Fueron actos que nos deberían causar consternación. Todos perdemos algo de nuestra vida en ese agravio a la dignidad humana. Tal vez no merezcamos un mensaje de despedida, ni el perdón de esa familia.

Galletas de animalitos

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 4 de septiembre de 2013.
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Hace unos días, regresaba a mi oficina después de visitar un cliente. Hacía mucho calor en la ciudad, por lo que decidí detenerme en la primera tienda de abarrotes que apareciera en mi camino para comprar una botella con agua. Cuando entré vi, en el exhibidor de galletas, unos paquetes de “Galletas de animalitos”.

Tomé una botella con agua del refrigerador y me apresuré a pedirle a la dependienta un paquete de esas galletas. Ella miró sorprendida, sus jóvenes ojos expresaban incredulidad.

— Señor, sin ganas de ofenderlo… pero, ¿a usted le gustan las galletas de animalitos?

— ¡Claro que me gustan! —respondí emocionado. Coloqué la botella sobre el mostrador— Las de animalitos son uno de los mejores secretos en la Tierra, una verdadera maravilla. ¿Por qué me lo pregunta?

—Es que… usted sabe, son unas de las galletas más baratas.

—Eso no importa, el precio no tiene nada que ver con el sabor, que no tengan fama de galletas finas no impide que me gusten —dije con voz alegre—. Además, no siempre las encuentro, por eso las quiero llevar.

—La verdad es que en esta zona, nosotros no las teníamos, pero las ventas no han estado muy bien —explicó con un dejo de preocupación en su voz—. Ahora tenemos que vender cosas más baratas.

—Eso no es malo, lo más caro no siempre es mejor.

—Tiene razón, pero el problema es que ahora vendemos menos y apenas nos queda para sobrevivir —dijo ella. Colocó el paquete de galletas junto al agua embotellada—. Aquí tiene, son 17 pesos, señor.

La Secretaría de Hacienda bajó, por segunda vez en tres meses, su pronóstico de crecimiento económico para México en 2013, al pasar de 3.1% a 1.8%. Este mensaje no ha tomado en los medios la importancia y la gravedad que representa, tal vez porque existen noticias que son “más taquilleras” como, por ejemplo, las manifestaciones de la CNTE en la capital. Esta disminución del pronóstico del crecimiento de la economía por parte del gobierno ha generado comentarios y análisis en algunos medios, pero estos se han perdido en el mar de las noticias actuales. Además, los noticieros siempre dan más importancia a las noticias que llaman la atención del público ya que les interesa mantener su audiencia y, por lo tanto, a sus patrocinadores.

El problema de los comentarios económicos es que son muy fríos, las personas que no estamos familiarizados con ese medio y su lenguaje los percibimos muy lejanos. Hablan de finanzas, negocios, mercados, proyecciones económicas, cifras, números; palabras que representan cosas que no parecen formar parte de nuestra vida, que sólo son para “gente experta”. Simplemente es algo que difícilmente nos llama la atención. Nuestro interés casi siempre está en cosas que entendemos mejor, cosas que nos conmueven —ya sea que nos hagan enojar o sonreír— o que despiertan morbo. Sin embargo, esa noticia económica nos habla de lo duro que será el fin de año, es un llamado de alerta que no escuchamos.

La realidad es que la baja del crecimiento económico en México es muy grave para todos. Al analizar los números de manera

simple y objetiva, ellos nos dicen que vamos a crecer casi la mitad de lo que se esperaba y posiblemente la caída sea aún más catastrófica, ya que las cifras oficiales generalmente son optimistas. En otras palabras, esa noticia quiere decir que, al menos en lo que resta de este año, la economía de México seguirá mal, sin posibilidad de recuperación y nuestros bolsillos también serán afectados.

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¿Qué se puede hacer? Desde nuestra posición no se puede hacer mucho para revertir esa tendencia, no tenemos los suficientes recursos o poder para mover la economía. Pero debemos escuchar ese llamado de alerta, tomar medidas para que esta realidad nos afecte lo menos posible. La posibilidad de conseguir un buen empleo será más difícil, por lo tanto, los que afortunadamente tenemos trabajo, debemos cuidarlo, trabajar más, hacer mejor nuestras actividades, con más responsabilidad para mantener nuestro ingreso. Los jóvenes universitarios deben preparase más, porque el mundo va a ser más duro, sólo los mejores tendrán oportunidades. También es importante reducir la compra de artículos que no necesitamos, evitar la gran tentación de los “meses sin intereses”; sentimos a nuestro alcance esa gran televisión, pero no sabemos si dentro de tres o cuatro meses podremos pagar ese “mes sin interés”. Por esa misma razón, es tiempo de reducir las deudas, si es que lo podemos hacer, para no cargar un lastre que nos puede hundir en el futuro. Prepararnos y cuidar nuestro barco en esta tormenta.

Sé que debemos ser optimistas, pero no por ello ingenuos. La triste verdad es que no existe manera para que las cosas mejoren, al menos en el corto plazo. Tenemos que abrir los ojos. No hablar de ello no hará que desaparezca esta realidad, está ahí y seguirá ahí. Por ahora, lo mejor que podemos hacer es dejar de comer lujosas galletas y pensar en las modestas galletas de animalitos, son buenas, tienen buen sabor, se disfrutan y también nos traen buenos recuerdos.

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Reforma necesaria

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 21 de agosto de 2013.
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El sábado pasado, cuando salía de un supermercado, me detuvo un señor que tenía en sus manos una tabla con varias hojas. Al estar junto a mí me acercó sus papeles y pude ver que era una relación de firmas.

—Señor, disculpe que lo moleste, me podría regalar su firma para apoyar nuestro movimiento —me dijo el hombre—. Estamos recabando apoyo para que no se venda nuestro petróleo.

—Pero… primero explíqueme de qué se trata su movimiento, porque hasta donde sé México siempre ha vendido su petróleo.

— Bueno, es para que Peña Nieto y el PRI no se salgan con la suya, para que no pase su iniciativa de vender Pemex a los extranjeros —explicó con voz segura— Ya sabe, ellos siempre se quedan con toda nuestra riqueza. Necesitamos que el petróleo sea nuestro para terminar con la miseria del pueblo.

— Si yo firmo que estoy de acuerdo con su movimiento y se logra que la iniciativa no sea aprobada en el Congreso, ¿México saldrá de dónde está? ¿Acabará así con la pobreza?—le cuestione seriamente—. Usted, ¿sinceramente piensa eso?

—¡Claro!, no regalaremos nuestro petróleo —me contestó ofreciéndome la pluma que tenía en la mano—. Así usaremos las riquezas naturales de nuestro país y obtendremos beneficio para todos, en lugar de beneficiar a unos cuantos.

— Mire, el petróleo ha sido nuestro desde que Lázaro Cárdenas lo nacionalizó y la pobreza aún es enorme. ¿Qué hemos hecho todos estos años?

Me miró y contestó nada. Una hermosa muchacha pasó a nuestro lado, ella miró con curiosidad las hojas en la tabla del señor y entonces él se volteó para pedirle a ella su firma. Yo aproveché el momento para escabullirme.

Discutimos y peleamos como si el futuro de México estuviera contenido en la reforma energética, parecería que nuestro país solamente tuviera petróleo, gas y energía eléctrica. Somos mucho más que eso y para tener un buen futuro se requieren acciones que son complejas y entrelazadas. Las reformas estructurales son realmente necesarias, pero no son la solución definitiva a los problemas que nos agobian como nación. A veces, tenemos la falsa idea que los conflictos en México se pueden eliminar de manera instantánea, que solamente hace falta una fácil receta y así obtener rápidos resultados.424109_10150619409315622_1196260869_n

Muchas de estas discusiones tienen tintes electorales, sin un interés real en el largo plazo. Los políticos intentan, con argumentos simplones, convencer a las personas para que apoyen sus propuestas. Ellos dicen que tienen la solución al problema de miseria, que su propuesta es la única manera viable para el progreso de México y aseguran que el futuro de nuestro país sería catastrófico en caso de aprobarse las reformas de otros partidos. Los políticos se han convertido en modernos profetas que nos hablan de paraísos y calamidades, dicen que su palabra es la verdadera y que los demás partidos son demonios que nos llevarían a un futuro sombrío.

La realidad es mucho más complicada, no existen soluciones sencillas. La reforma energética es una herramienta inaplazable para dar una mayor velocidad al crecimiento de nuestro país, pero hace falta mucho más que eso. Tan importante como la reforma, es la manera en que será ejecutada, sus leyes secundarias, sus reglamentos y el día a día en la operación de la industria energética nacional. De nada servirá una reforma energética, cualquiera que esta sea, si no se elimina la cadena de corrupción que tiene presa a esta industria.

Por años la capacidad de saquear la riqueza de México ha sido enorme y sin un cambio de mentalidad este problema seguirá sin importar lo que digan las leyes vigentes. Ya sea en asociación con empresas privadas o sin ellas, la cantidad de dinero que está detrás de la reforma energética es una tentación muy grande para la gente en el poder. Pemex, además de ser una máquina que genera efectivo, es un instrumento que fabrica riquezas indecentes en políticos, líderes sindicales y empresarios. Se maneja tanto dinero en esta industria —en nóminas, ventas, compras, contratos, proyectos y muchos otros conceptos— que todo seguirá nadando en un mar de corrupción si no existe una honesta fiscalización.

Las modificaciones del Congreso a la Constitución y las nuevas leyes resultado de las reformas no son suficientes para obtener lo que México necesita. Las reformas necesitan de procesos detallados para funcionar y ahí está el pequeño detalle. Ningún partido habla de ello, nadie dice cómo se va a limpiar toda la porquería que ha estado en la industria energética nacional, nadie habla de una nueva manera de auditar esa industria, a su sindicato, a sus contratistas. Nadie dice nada porque los políticos siguen viendo la manera de obtener beneficio propio después de la reforma; ellos ven solamente el corto plazo, su corto plazo.

Yo no les creo a los políticos, a ninguno. Pueden prometer lo que quieran, pueden estructurar la mejor reforma energética posible, pero la verdadera reforma que México requiere y de manera urgente, es la reforma de valores. La honestidad, la lealtad, el sentido de comunidad y solidaridad (palabra que desgraciadamente está desgastada hoy en día) es lo que necesitamos. La realidad es que en México existe una gran impunidad, pocos aprecian la honestidad, nada pasa si se transgrede. Cualquier reforma será tiempo perdido si no recuperamos estos valores. Esa reforma no la hace el Congreso, no la hacen los políticos; la hacemos todos y debemos empezar ahora. Hacer que la honestidad recupere su valor está en nuestras manos, puede ser nuestra ventaja o nuestra desgracia, la decisión es nuestra.

Juego perverso

 

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 27 de junio de 2013.
http://www.avenidadigital30.com/guerita-guerita/
 

 

Sonó el teléfono en la oficina, al contestar escuché la voz de mi mejor cliente. Él estaba enojado, supe entonces que ese día comenzaba con problemas. Me comentó que casi no había gente en la obra —nosotros construíamos una ampliación de su fábrica—, realmente estaba muy molesto porque quería comenzar a producir lo antes posible.

Salí rápidamente a la obra, como el ingeniero residente no me había reportado esa anomalía pensé que no era tan grave. Al llegar pude verificar que mi cliente tenía razón, faltaban muchos de nuestros trabajadores, la situación era delicada.

—¿Qué pasó aquí? ¿Dónde está la gente? —pregunté a mi residente.

—No tengo la menor idea, pero ahora le llamo al maestro Toño, la gente que faltó hoy la trajo él —respondió y dio media vuelta para ir en busca del maestro.

Cuando regresaron, el maestro Toño acompañaba a mi residente con una actitud totalmente desinteresada, parecía que no le importaba lo que pasaba en la obra y el gran compromiso que teníamos.

—¡Buenos días maestro! Me puede decir dónde está su gente —le dije molesto.

—Mire inge, para que le digo mentiras… mi gente se fue a una manifestación.

—¿Cómo? ¡No sabe que la fecha de terminación está muy próxima y esta fábrica necesita comenzar a operar!

—Pues sí inge, pero mi gente vive en un terreno que nos dieron chance de invadir y si no van creo que nos podemos meter en problemas. Además, les dan dinero por asistir, más del que les pagan aquí por día. ¿Qué quiere que haga?

Lo miré incrédulo, no supe qué contestar.

Existen más de 50 millones de pobres en México (cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en su Medición de Pobreza 2012) y, de estos, 11.5 millones están en pobreza extrema. Es cierto, existe la obligación moral de ayudar a este último sector, no debemos cerrar los ojos frente a sus grandes carencias. Contra la pobreza extrema se tiene que actuar con rapidez, sobre todo en apoyos de salud y alimentación, pero sólo dar no soluciona nada; al contrario, puede abonar el árbol de pobreza para crear un tronco cada día más fuerte, más difícil de derribar. Por eso la cuestión de fondo es cómo damos esa ayuda

Las personas se acostumbran rápidamente a lo fácil. Hemos creado en nuestro país, a lo largo de muchos años, la costumbre de estirar la mano para comer. El resultado es que tenemos un gran porcentaje de la población con vocación de limosneros, creada a lo largo del tiempo por gobiernos cuyo interés es que las personas los perciban como proveedores y no como verdaderos servidores públicos.

En diferentes gobiernos, a nivel federal y estatal, el combate a la pobreza se ha caracterizado por regalar cosas, dar apoyos sin ningún compromiso del que recibe; hacer esto es tirar el dinero a un pozo sin fondo. Desde el punto de vista electoral se puede entender esta manera de ayudar a los pobres. Se forja en ellos la idea de que el Gobierno es el protector que suministra todo, que tiene la obligación de dar y, al mismo tiempo, se genera el miedo que un gobierno diferente no continuará regalando limosnas. “Si no votas por mí perderás lo que te estoy dando” es el mensaje en este manejo de la pobreza. Se garantiza así que esa población siga votando por el partido en el poder y se tiene su control por medio de la pobreza. Una política miserable, que se sirve de la miseria para perpetuarse en el poder.

Foto por Liliane Mendoza Secco
Foto por Liliane Mendoza Secco

A la gente en el poder no le conviene que las personas salgan de sus carencias por medio de su trabajo, de su esfuerzo; ya que perderían la manera de controlarlos. Y también por esa razón no se brinda una educación de calidad a los niños, porque una conciencia educada y formada es libre, es capaz de decidir y no es dependiente. Los pobres son el mejor soporte para mantener esta egoísta clase política mexicana, mientras el gobierno regale limosnas ese gran porcentaje de la población no juzgará, no criticará, no votará por otro.

Es un juego perverso, en el cual a los gobiernos no les interesa promover las condiciones para que la miseria se extinga con trabajo, con creación de riqueza. Le conviene que los ricos sigan generando riqueza y pagando impuestos para, con ellos, dar limosnas a los pobres y también sacar bastante “en provecho propio”. Los empresarios con baja conciencia de justicia —aclaro que también existen empresarios y políticos honestos y justos, pero no son mayoría— también se benefician de este juego, ellos tienen mano de obra barata que no exige mejores condiciones de trabajo y de vida.

Existen casos de gobernadores que desaparecen dinero del presupuesto de su Estado, diputados y senadores que se reparten bonos, dietas, viajes y demás privilegios, líderes sindicales con fortunas absurdas, empresario que explotan a sus trabajadores; a ninguno de ellos les importa realmente acabar con la pobreza en nuestro país. Les importa su permanencia en el poder para seguir con su vida privilegiada. La prueba contundente de esta falta de interés es que la miseria no ha disminuido de manera significativa en ninguna entidad de México, sin importar el partido político que la gobierne.

No creo que, en tanta inteligencia que existe en México, no exista la capacidad de crear programas y condiciones para que las personas salgan de la miseria por medio del empleo, de la educación, de la creación de riqueza y su justo reparto. Claro que sí tenemos esta capacidad, pero también se existe una gran interés en mantener la situación actual, interés en poder manejar a los pobres con fines de lucro político, en continuar con el sistema que permite a los políticos, líderes sindicales y empresarios mantener este juego perverso.

La realidad es que no podemos seguir en este juego. Desde donde estemos, hagamos que nuestro trabajo y nuestro conocimiento generen mayor riqueza y que esta sea distribuida de manera justa. Todos podemos hacer mucho más que dar limosnas. Debemos darnos prisa porque otros ya se están aprovechando de esta pobreza para fines aún más perversos, fines criminales que cortan toda esperanza de vida justa y tranquila en México.

“¡Güerita, güerita!”

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 27 de junio de 2013.
http://www.avenidadigital30.com/guerita-guerita/

 

El sábado en la tarde mi esposa y yo estábamos en casa de un amigo. Conocíamos a pocos de los presentes, sin embargo el ambiente era muy agradable. Todos nos reunimos en la sala después de la comida; ahí, unas charolas con galletas y tazas de café moldeaban el clima perfecto para una amena charla. El tiempo corría tranquilamente, al igual que las palabras en la conversación. De pronto, la esposa de uno de los presentes comentó algo que inició un debate entre nosotros.

—No entiendo por qué, cuando voy a un mercado, casi todos los vendedores me dan precios mucho más caros que a todos los demás— dijo con un acento que no ocultaba que era extranjera, tal vez europea.

—¿Cómo sabes que realmente lo hacen?—le pregunté curioso por el repentino cambio en la conversación.

—Porque a veces le pido a mi marido que vuelva a preguntar y le dan un precio más bajo.— Su marido asintió con un leve movimiento de su cabeza.

—Tal vez porque eres extranjera —comentó una señora— y además eres güera. Ellos suponen que por eso puedes pagar un precio más alto.

—Pero eso no es justo, a veces voy con amigas y a ellas no les cobran tanto como a mí.

—Bueno, qué quieres, te tienes que aguantar por ser de otro país. Tal vez hasta te debería alegrar que te traten así.

—Pero… me están discriminando —respondió molesta, hizo una pausa antes de continuar—. Ustedes, los mexicanos, son muy racistas.

Fue entonces que comenzó una pequeña tormenta entre nosotros. ¿Es o no es racismo?, ¿somos racistas en México?, ¿discriminamos a otras personas? Para mí era un asunto tan claro que no había razones para ese pequeño debate, pero las opiniones iban y venían, se hablaba de racismo, de discriminación, de homofobia y lo que más me llamó la atención es que nadie reconocía abiertamente que era racista o que había tenido ese tipo de conducta en algún momento de su vida. Todos hablaban desde un punto de vista lejano a la realidad, desde una falsa posición de integridad, tal vez porque consideran que ser racista sólo implica actuar de manera muy violenta contra aquellos que comúnmente reconocemos como víctimas.

En México pensamos que la discriminación es un pequeño problema y poco importante. Muchos mexicanos se han visto afectados por actos de discriminación hacia ellos a tal grado que, por esta causa, han perdido las oportunidades de progresar en su vida. Es posible que estas letras no digan nada nuevo, pero el problema está presente, todo lo que se ha dicho o escrito hasta hoy no ha sido suficiente. Esa velada discriminación, oculta por nuestra hipocresía, está haciendo mucho daño. Hace pocos días circuló en Internet el video de una niña que fue agredida violentamente por sus compañeros de escuela por el simple hecho de ser de otra región y existen más casos: el desprecio a los indígenas, la intolerancia a los que profesan otra religión, las burlas a los que tienen una deficiencia física, las agresiones que reciben los ilegales que entran a nuestro país por la frontera sur; por mencionar solamente unos ejemplos.

Es un problema tan profundo que se diluye con nuestras actividades diarias, está presente todos los días y no lo queremos ver. Pensamos que no somos parte de ese problema, pero no nos engañemos, nuestras acciones indican lo que somos. Pocos confesarán que han tenido actitudes racistas en su vida cotidiana, pero es una mentira. ¿Cuál es una de las frases que utilizamos para insultar a otra persona? Eres un mugroso indio. Para nosotros, ser indio es un insulto. Hablamos utilizando esas frases y al mismo tiempo nos vanagloriamos de no discriminar a los demás, “no soy racista, no odio a la gente de color, me caen bien”, decía alguien en la sala de mi amigo. Esa persona, ¿cómo trata a las personas de otro nivel económico, a las personas de orientación sexual diferente a la suya?, ¿también por su vida se cruzan esos “mugrosos indios”? Ahí está la realidad, oculta por muchos años de nuestra doble moral.

Antes de contestar si somos o no racistas, deberíamos evaluar de manera honesta nuestras acciones, nuestra conducta. Nos daremos cuenta que muchas veces hemos tenido actitudes de discriminación a otras personas sólo por el grupo social al que pertenecen o al que pensamos que pertenecen. Despreciar a otra persona antes de conocerla es despreciar a todas las personas, incluso a nosotros mismos.

La solución a este problema no está en vanas discusiones o en nuestras hipócritas actitudes que nada han resuelto. Recordemos que la igualdad sólo puede existir si se crea el espacio para ello. Si nos negamos a reconocer que discriminamos a otras personas no podremos dar un primer paso, el inicio de la solución está en cada uno de nosotros, en nuestras acciones individuales, en lo que hacemos todos los días. Dejemos atrás la falsedad, la doble moral y seamos honestos, hoy podemos, debemos comenzar.