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Somos lo que soñamos…

 Publicado en Avenida Digital 3.0 el 12 de mayo del 2016

“…nada es verdad, aquí nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.”
Nicanor Parra

Soy, como todos, una extraña mezcla entre lo que debe ser y lo que es. Encuentro esa diferencia cuando en Facebook o Tuiter llegan a mi cuenta mensajes que hablan del sentido de la vida. Los miro y, si yo fuera una persona completamente normal, madura, con una amplia perspectiva, ávido de lograr mi realización plena como hombre, debería leerlos con atención y hacer un esfuerzo sobrehumano para aplicarlos. Las personas que los mandan colocan paisajes altamente bellos y motivadores, ya que hacer lo que se menciona en ellos muchas veces requiere de una energía que, en caso de tenerla, sería la de un superhéroe. De esta manera logran crear la unión perfecta: palabras exactas, breves, trascendentes, con imágenes de bellezas naturales; mezcla que me encamina a la reflexión. A veces, debido a la profundidad del mensaje, el paisaje es reemplazado por una fotografía con personas que ejemplifican aquello que está escrito. Realmente, despiertan el deseo de superación que, a veces, permanece escondido bajo la sombra del diario vivir. Una frase: “El cielo no es el límite, el límite está dentro de ti”, me puede encaminar a romper fronteras, buscar más allá, encontrar que lo imposible es posible.

Siempre me ha motivado encontrar este tipo de mensajes en mis redes, sobre todo por la mañana, pues cambian de manera significativa mi caminar a lo largo del día. Me hacen pensar en todo momento lo que debo hacer y lo que en verdad hago. Sin embargo, al evaluar mis acciones, puedo notar que muchas veces existe una diferencia notable entre esas dos cosas, en otras palabras: soy un desastre. Pero no importa, “Cuando has perdido algo, recuerda: la esperanza no se pierde”. Gracias a esos textos sé que lograré salir de mi estado de mediocridad. En mí habita un ser inquieto, ávido de superación, que puede caminar con decisión en nuevas sendas, salir victorioso de los retos que se presenten y no perder una ilusión: poder encontrar las llaves de mi carro que perdí el día anterior.

“Soy aquello que sueño”, decía uno esta mañana. Fue increíble. El problema es que no puedo recordar lo que soñé, ¿querrá decir que soy un ser etéreo que vive en el mundo del olvido de todos? No creo que ese sea mi destino, algo debe estar mal. Lo más probable es que no entendí bien el sentido del mismo. La fotografía que lo acompañaba era un hombre mirando las estrellas desde el borde de un precipicio. Hasta donde recuerdo, jamás quise ser astrónomo o clavadista en La Quebrada. No debe ser eso. Otra posibilidad es que tenga un significado superior a mi intelecto, lo he llegado a suponer porque en esa imagen se percibe que esa persona está parada en lo más alto del paisaje, seguramente es una simbología oculta que habla de inconmensurables y elevados niveles. A veces, entenderlos de manera correcta es realmente complicado.

Alguna vez llegó uno que decía: “Ser congruente, sin temores, es ser Hombre”. Esa rara cualidad que, según lo que estaba ahí, debería ser parte de mí. Se supone que, al hablar de congruencia, debe existir una cohesión de vida con todo lo que mencionan esos mensajes. Los que me conocen dirán que soy perfectamente incongruente, sobre todo al leer esta columna. La verdad es que soy, como todos, un ser coherente. Lo que pasa es que algunos de los motivos por los cuales hago las cosas de determinada manera son egoístas. Por ello, prefiero mentir o sencillamente ocultarlos. Incluso esa acción, la de esconderlos, concuerda con una de mis intenciones: brindar la imagen de persona confiable, recta, lo cual hasta cierto punto es verdad, pero como la perfección solamente existe en los libros y en aquello que inunda las redes sociales, tengo que torcer mi actuar para ser compatible con el mundo que me rodea y ser un Hombre que enfrenta, sin temores, su destino.

Sé que existirá aquel que me señale molesto al pensar que lo que está aquí es ironía. Eso no importa. La verdad es que no hablo de un universo ficticio, sino de aquello que me rodea y observo. ¿Qué tiene este mundo? Personas que buscan la manera de sentirse bien, tranquilos y felices. Algunos lo logran al enviar mensajes que pueden no servir para nada; otras al intentar seguirlos y algunos al leer algo medio fuera de lugar, pero divertido. De cualquier modo, la meta es buscar nuestra senda hacía el éxito, desafíos que motiven el andar y así, lograr lo que soñamos (si es que podemos recordar qué fue eso).

Semana de perros.

De esas veces que no sé si reír o llorar.

En mi mente sigue fresco el recuerdo de las fiestas de fin de año, aún está vigente mi renovada lista de propósitos y ya estoy disfrutando de días confusos. Mis ideas están revueltas gracias a unas noticias que, al verlas a la distancia, podrían ser chuscas pero no lo son.

He llegado a pensar que estamos inmersos en una especie de voluntad colectiva para olvidar los graves problemas que tiene nuestro país. Creamos una alucinante novela (cómica o de terror, el asunto es tan raro que no lo puedo definir bien) gracias unos cuantos perros de mi ciudad. Colocamos en la canina historia todo lo que el realismo mágico hubiera podido imaginar: un cerro urbano, cadáveres, perros detenidos, sus fotografías en las primeras planas, manifestaciones populares, movimientos en redes sociales, declaraciones del jefe de gobierno de una de las mayores ciudades del mundo, clemencia y perdón para los supuestos asesinos, búsqueda de nobles y caritativas almas que los adopten y una magnífica burocracia pidiendo más requisitos para adoptarlos que para obtener un crédito; en fin, varios días de noticias con lo mejor de la imaginación mexicana. Yo me quedo con una pregunta: ¿Y… ?

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Pido perdón a los familiares de las personas que fueron encontradas muertas y a los que aman a los animales, pero esto es algo que va más allá de mi comprensión. Los periódicos de estos días tienen las bases para escribir un sorprendente e imaginativo relato o aún mejor, para el argumento de una película inolvidable. La realidad es que, gracias a unos cuantos perros, enviamos al cajón del olvido, por unos días, algunos de los graves problemas de México: los millones de mexicanos que aún se encuentran en la pobreza extrema (15 millones, es un dato actualizado esta semana y que posiblemente nadie vio), la situación del crimen en nuestro país (¿siguen los muertos, las ejecuciones, las amenazas, el miedo?), la grave crisis económica en las finanzas de varios estados, municipios, de muchas personas y muchas otras cuestiones que deberían llamar nuestra atención. En otras palabras, existe una actitud de negar nuestros problemas, no queremos pensar en lo que realmente importa.

Hoy son unos perros, ayer fue el accidente de avión en donde viajaba una cantante, mañana será aquello que tenga la capacidad de mover el sentimiento fácil y no la reflexión. Estoy casi seguro que no es una característica única de México, otras sociedades también tienen sus maneras e historias para no ver sus problemas, pero me interesa más lo que sucede en mi país. Estamos acostumbrados a no pensar, a no cuestionar, a aceptar lo que sucede con cierto grado de resignación. Inclusive habrá quién acepte esta idea solamente porque está escrita en este texto, sin hacer algún comentario. No estamos acostumbrados a debatir. Generalmente nuestras discusiones las gana el más agresivo, el que grita con más fuerza o, lo que es peor, el más chistoso. En nuestro país rara es la vez que una persona gana por argumentos sólidos, por tener la mejor idea, esa que hace ganar a todos. Veamos la actuación de algunos de nuestros políticos, de varios empresarios y líderes; pocos son los que buscan el bien común, una solución únicamente es válida si se obtiene un beneficio personal. Inclusive para resolver el problema de varios perros tuvimos que recurrir a manifestaciones, declaraciones ilógicas y soluciones que no funcionan.

En el pequeño universo que nos rodea, con nuestros amigos, familiares, alumnos, compañeros de trabajo, intentemos cambiar nuestra manera de discutir. No usemos la fuerza sino argumentos sólidos, claridad y respeto. Tenemos que aprender a escuchar y a reconocer si nuestras ideas están equivocadas. Debemos tomar decisiones que sean adecuadas para todos y no con el fin único de obtener una egoísta ganancia. México necesita debates inteligentes en todos los niveles, con mentes abiertas para encontrar las soluciones a sus graves problemas y, de esta manera, poder encaminarse hacia el verdadero desarrollo. Recuerden: aquí viven millones de pobres, ellos nos necesitan mucho más que unos cuantos perros.

La voz de un indeciso

Estamos en la recta final para la elección presidencial en México. En todos lados se escuchan comentarios de personas que apoyan o están en contra de un candidato en especial, pero en esta ocasión quiero expresar mi opinión como integrante del callado grupo de indecisos. Es válido no tener preferencia en estos momentos, los partidos políticos, los candidatos y sus campañas han sido tan decepcionantes que para mí no es fácil tomar una decisión.

En estas campañas electorales los candidatos sólo usan lugares comunes en sus mensajes. Es lo más sencillo, ya que todos estamos de acuerdo con esas generalidades. La publicidad muestra únicamente lo que ellos desean hacer pero no indican de manera clara cómo lo harán porque, justo en esos aspectos (los cómos), están las dificultades y los riesgos. Los candidatos, para no exponerse de manera pública, publican esos detalles en documentos que no son fáciles de encontrar (un buen análisis de los cómos está en http://www.arenaelectoral.com). Esa vaguedad en las campañas no permite conocer claramente los verdaderos compromisos de cada candidato, por lo que es difícil decidir entre ellos. Además, en estos últimos días, todos los partidos utilizan lo que los medios han denominado “guerra sucia” (nombre que en lo personal no me agrada, prefiero llamarla campaña negativa), en donde el objetivo de cada candidato no es convencer a los electores con sus propuestas, sino mostrar que los otros tienen defectos tan grandes que, en caso de que uno de ellos gane, el daño para nuestro país sería terrible.

Precisamente esa es la duda a la que me enfrento: Veo tan pobre el panorama electoral que para mí la decisión no es quién es el mejor para ocupar el cargo de presidente sino quién es el menos malo para ello. Es triste que para una decisión tan importante el dilema sea escoger la menor incapacidad para gobernar. Esa línea de pensamiento me muestra dos aspectos que son graves para México: primero, que no existe actualmente la capacidad para formar ciudadanos que más que líderes, sean verdaderos estadistas y segundo, que los políticos menosprecian la capacidad de la población para decidir. Esta campaña electoral me lo demuestra. No veo un verdadero estadista entre los candidatos y todos los partidos consideran que el grupo de indecisos optará por aquel que sea el menos malo, por lo que todos usarán campañas negativas de una manera más agresiva a medida que el día de la elecciones se acerca.

Es complicado obtener un poco más de información objetiva en cualquier foro porque la parte sentimental de las personas distorsiona la realidad y la campañas negativas de los partidos se aprovecha de ello. Las redes sociales se han convertido en una verdadera arena electoral, no importa que yo no quiera participar en esa pelea, si pertenezco a una red social en México, estoy en medio del campo de batalla. Cada día, Twitter al igual que Facebook se llenan con mensajes de apoyo o de ataque electoral, en los que es notoria la falta de objetividad y las posiciones son cada vez más intolerantes. Los ánimos están cada día más exacerbados, las posturas se hacen más radicales entre los simpatizantes de los candidatos para ocupar la presidencia de México.

En medio de toda esa trifulca estamos los indecisos. No es gritando más fuerte que nos podrán convencer y mucho menos mostrando las porquerías de los otros candidatos. Ese tipo de acciones solo puede fomentar una actitud de indiferencia y disminuir la voluntad para votar el 1 de Julio. Esto es algo que no debemos permitir. Es importante y lo reitero, muy importante, que ese día salgamos a votar.

Una de las virtudes de la democracia es que, en la medida que todos votemos, podemos hacer que los políticos vean que no estamos dormidos, que participamos y que a todos ellos, ganadores o perdedores, les exigiremos el mejor desempeño. Si todos votamos, la posibilidad de conflictos causados por los perdedores después de la elección será menor y el ganador se verá obligado a trabajar de manera responsable porque sabrá con certeza que la mayoría de la población lo estará vigilando. Más que un derecho, votar con libertad es la mejor manera de decidir el rumbo que queremos para nuestro país.

Foto por Liliane Mendoza Secco

No importa que el 1 de Julio yo continúe en el grupo de indecisos. Iré a votar y dentro de la casilla, frente a la boleta electoral, elegiré a uno de los candidatos. México necesita que todos los ciudadanos votemos y que todos los votos sean efectivos. No votar o votar nulo no debe ser considerado como opción. La indiferencia o el rechazo en esta decisión sería un duro golpe al desarrollo de nuestro país, un atentado contra nuestro propio futuro.

Por eso, ese día, más que votar por un candidato, en realidad estaré votando por México.

¡Frena, frena!

                    Andamos como andamos porque somos como somos                  Filósofo de Güemez

En México tenemos elementos que de una u otra manera son parte de nuestra cultura: el tequila, nuestra comida, el mariachi. Ayudan a definir nuestra nación porque las sentimos nuestras. “Es más mexicano que el mole” solemos decir cuando queremos expresar ese sentido de identidad.

Pero hay una cosa más que también nos identifica y que, por estar tan presente en nuestra vida, hemos dejado de ver. Es una especie de hongo que se reproduce de manera casi espontánea, al grado que no me sorprende cuando, en la mañana, de la nada, aparece uno en mi camino. Es el tope, esa pequeña elevación en el asfalto -a veces no tan pequeña- que sirve para reducir la velocidad del auto.

Puede parecer fuera de lugar dedicar este texto a ese pequeño artilugio, pero vale la pena hablar de ello. No podemos negar que es común encontrar en las calles de la ciudad de México hasta seis topes en un tramo menor a 100 metros de largo. Y no es un caso raro, se repite por todo el país. Existen topes en carreteras, en calles empedradas, en vías rápidas; no me extrañaría encontrar un tope en una calle peatonal o en una pista del aeropuerto. ¿Qué estamos haciendo mal?

Foto de Mike Torst

El tope es un símbolo perfecto de algo que ha impedido a México progresar al ritmo que requiere. Es una muestra silenciosa y permanente de nuestra incapacidad para vivir en sociedad: no cumplimos ni hacemos cumplir los reglamentos –en este caso el de tránsito-, no mostramos respeto hacia los demás, tenemos poca imaginación para resolver problemas de manera eficiente. Si en una calle atropellan a un peatón, en poco tiempo aparecerá un tope en ese lugar con la esperanza de evitar una nueva tragedia. Y si acontece otro accidente en la misma calle, a diez metros del tope original, la solución será colocar ahí un tope más. Hemos llegado al punto de tener topes en cruceros con semáforos porque sabemos que nadie respeta la señal de la luz roja.

Existen topes de diferentes tamaños, colores, materiales y sabores, todo depende de la imaginación y recursos disponibles en el momento en el que se colocan. Es interesante que, siendo un objeto tan común en las calles, en la Ciudad de México apenas se discute la realización de una norma técnica para regular este artefacto (Nota en El Universal).  Es otra muestra de la manera como funcionamos en México, hacemos las cosas “al aventón”, por eso nos cuesta trabajo normar de manera clara y precisa algo tan simple como un tope.

Esto no sería tan grave si los topes existieran solamente en las calles. Pero analizando el tema con calma, encontramos que somos expertos en colocar topes donde se necesita agilizar el desarrollo de nuestro país. Existen topes en nuestras leyes y reglamentos, en la actitud de los políticos para cambiarlas, en trámites de todo tipo sin importar si son del gobierno o de una empresa privada. Todos los días enfrentamos situaciones en las que encontramos topes. No es raro que al pedir un servicio escuchemos: ¡Uy! ‘tá difícil, a ver qué se puede hacer. La gran profundidad que encierra esta frase es lo más triste, indica que siempre esperamos el tope, que tenemos una natural disposición para frenarnos. Nunca podemos mantener la velocidad de manera que la marcha sea continua y sin problemas. El freno es el pedal que más se utiliza en México.

En el Diccionario de la Real Academia Española encontré que dentro de las definiciones de tope están: tropiezo, estorbo, impedimento, punto donde estriba o de que pende la dificultad de algo. Eso es lo que sucede, tenemos tropiezos, impedimentos para avanzar que nosotros mismos hemos colocado y que no nos sorprenden. Sentimos que los topes son algo natural, consideramos que ahí deben estar, hasta los esperamos. Pero no es lo ideal, debemos luchar por tener un país sin topes, un país en donde la norma sea que las cosas avancen con agilidad.

No busquemos razones de la falta de desarrollo más allá de nuestras fronteras. La causa de nuestro atraso la hemos creado nosotros. Siempre construimos topes para todo, en cualquier lugar. El principal tope es el que está dentro de nuestra mente, no lo vemos, no lo notamos, pero ahí está. Por lo tanto, la solución estriba en demoler ese tope individual, en cambiar nuestra actitud. Es necesario para acelerar el desarrollo que tanta falta hace en México. Si no lo hacemos seguiremos criticando a nuestros dirigentes y continuaremos buscando culpables en todos lados, pero los topes seguirán existiendo en nuestro país.

“Feministas”

“Me causa conflicto” -como dice mi hija-  la actitud de ciertas mujeres que dicen ser  feministas,  viven gritando a los cuatro vientos que el mundo las debe tratar con respeto y dignidad. Hasta ahí esas voces no tienen nada de malo, su expresión es completamente justa. Pero considero que muchas de las acciones feministas, en lugar de fomentar la igualdad entre mujeres y hombres, sólo logran acentuar las diferencias de género. Parece que su motivación más que evitar la discriminación, es un deseo de venganza, quieren cobrar hoy todas las facturas acumuladas por siglos de maltrato a la mujer; lo cual es imposible -no existe cuenta que aguante ese cobro – y esta imposibilidad hace que su voz se convierta en un  grito de rencor. No desean la igualdad, quieren un trato tan preferencial que rompe el propósito de lograr un equilibrio entre géneros y colocan las semillas para que la injusticia se acentúe. Es un tipo de lucha que lleva a seguir dando puñetazos, una pelea que nunca terminará ya que el rival siempre estará buscando regresar el golpe. Ellas, las feministas de las que estoy escribiendo, están haciendo fracasar su objetivo, quieren ser las vencedoras cuando en realidad no debe haber ganadores ni perdedores, debemos ganar todos. Se olvida que la justicia debe ser universal,  no exclusivamente para las mujeres (o para los  hombres) .

A veces ese intenso deseo de demostrar que ellas, en todo, son mejores que los hombres hace que sus actos contradigan su idea. Muchas veces, esta contradicción es muy sutil, difícil de observar;  pero está ahí. Aquí tienen un ejemplo: Una amiga colocó el lunes pasado en su  muro de Facebook una felicitación a Josefina Vázquez Mota por su triunfo en la elección interna del PAN. Un comentario para esa publicación – hecho por otra amiga –  decía que, si todas las mujeres de México votaran por ella, Josefina seguramente sería la ganadora de la próxima elección presidencial.

Esa actitud, la de votar por una mujer por ese hecho únicamente, denigra a las mujeres, es igual a la idea de votar por alguien sólo porque es guapo y elegante, o porque “habla bonito”. Es una idea que en el fondo dice que las mujeres son tan tontas que su capacidad de analizar el voto es limitada, que deciden sólo por una cuestión de género y no pueden ver más allá. Las mujeres son mucho más listas que eso, muchísimo más; su voto será razonado – al contrario de muchos votos machistas– y elegirán de acuerdo a sus intereses personales. No existirá un voto femenino masivo por Josefina, cada mujer en este país tomará su decisión libremente, y por lo mismo, habrá diferencias. El voto femenino será, en la mayoría de los casos, inteligente, lleno de esperanza para poder ofrecer a sus hijos un mejor futuro.

Debemos hacer que México sea un país justo, con igualdad de oportunidades para todos y no un lugar en donde el trato preferencial por género –no importa si es para mujeres u hombres- sea lo que defina quién debe ocupar una posición determinada. Para tener un país que avance, para lograr que México se desarrolle a tal grado que se pueda abatir la pobreza y la injusticia, debemos tener en cada puesto (presidente, senadores, diputados, directores de empresas, empleados, profesores, estudiantes, etc.) al más preparado, al mejor para esa posición.  Ser el mejor no tiene nada que ver con su  género, sino con su capacidad humana, moral, académica, laboral, adquirida a lo largo de la vida.

Foto por Liliane Mendoza Secco

Empecemos hoy, preparémonos para ser los mejores en donde estamos, no importa si somos mujeres u hombres, eso es secundario. Nuestro país más que una lucha feminista, necesita una ardua lucha contra la pobreza, la injusticia, la inseguridad; que se pelea con las armas del trabajo, estudio y con muchos valores.

Una acción por México

Muchos estamos de acuerdo en que nuestro país no está bien. Lo vemos todos los días en los noticieros, periódicos, revistas y en las redes sociales; están llenos de mensajes de las cosas negativas que suceden en México: narcotráfico, asesinatos, corrupción, malos políticos, mediocridad en todos los sentidos. Yo mismo he contribuido, en pequeña escala, a aumentar ese ambiente pesimista por medio de una serie de mensajes en Internet que solo expresan molestia  por lo que sucede a mi alrededor.

Ahora pienso que es una lástima que solo actúe de esa manera cuando  puedo y quiero hacer algo más que únicamente quejarme. Ese uno de los  problemas de fondo en México: solamente nos quejamos y no nos exigimos. Nos limitamos a señalar lo que está mal y queremos que otros vengan a resolver nuestros problemas. Así no saldremos adelante. Es muy difícil para nosotros aceptar las críticas, es más fácil indicar las fallas ajenas; pero por ahí debemos empezar, aceptar que mucho de lo que hacemos mal es nuestra responsabilidad y no culpa de nuestros gobernantes. Es raro escuchar, en este mar de malas noticias, ideas para trabajar bien o para ser mejores ciudadanos. Sin embargo, reconozco que en México también existe gente que hace cosas positivas todos los días y con sus acciones y resultados concretos, logra mejorías para nuestro país. Pero hace falta un mayor esfuerzo, la situación que vivimos es complicada y requiere que todos empujemos para cambiar nuestro futuro.

Se ha escrito que los mexicanos tenemos una seria falta de visión para el bien común, que nuestro egoísmo se antepone al desarrollo de México. Pero yo creo que esa falta de visión de bien común no debe ser un obstáculo para el progreso de nuestro país; estoy convencido de que las acciones individuales pueden ayudar a enderezar el camino. Es hora de tomar acción, con sentido de urgencia, si queremos que México sea mejor.  La opción es de cada uno de nosotros. ¿Qué puedo hacer para ayudar a México? ¿Cómo lo hago?

foto: Liliane Mendoza Secco

Desde este espacio propongo iniciar una campaña: Una acción por México. Hoy haré algo, una acción en mi entorno, no importa si es pequeña o grande, haciéndola lo mejor que pueda y con actitud positiva. Que no sea solo una buena intención, sino hacer cada día una acción diferente: ayudar a algún compañero de trabajo, no tirar basura en la calle, saludar a mis vecinos, no abusar de un cliente, ser cordial en el tráfico, por mencionar ejemplos. Y todos los días continuar las acciones de los días anteriores, más la nueva del día de hoy. Estoy seguro de que sumando acciones diferentes a lo largo del tiempo y reuniendo personas que se sumen a este esfuerzo, se logrará un cambio en México. Es una buena manera de construir, o mejor dicho, reconstruir nuestro país. Se requiere el conjunto de muchas voluntades y acciones, pero sé que si nos unimos y difundimos esta idea,  podemos lograr mucho más de lo que imaginamos. Esta es una campaña que requiere de un esfuerzo individual, pero en donde todos, de manera consciente,  podemos hacer algo por México.

No importa en dónde estemos, dónde trabajemos o estudiemos, todos tenemos la capacidad de hacer pequeñas acciones que sumadas logren hacer que nuestro país sea cada día mejor.

Una acción por México. Yo comienzo hoy. Tú ¿cuándo empiezas?

Cuidemos nuestro idioma.

¿Pueden leer esto?:  Xfa = xFB o x BBmsg

Sí, soy ingeniero pero esto no es una ecuación. Es un texto y significa:  Por favor, es igual por Facebook o por Blackberry Messenger.

Este artículo tiene que ver con los mensajes que leo todos los días, tiene que ver con la escritura. La escritura tiene un uso tan común en nuestra vida que es fácil olvidar que se trata de uno de los pilares de nuestra cultura y posiblemente ese olvido sea una de las causas del alto grado de descuido con el que escribimos.

Este  descuido lo corroboro cada vez que leo los mensajes que llegan a mi cuenta de Twitter, a mi correo electrónico y a otros medios electrónicos que tengo para comunicarme. En muchos de ellos encuentro una gran cantidad de faltas de ortografía y errores de redacción. Tal vez piensen que exagero, pero vean lo que leí en Twitter:

sta mbna pro lo q noc es pq la sgte tnia k ser =!!!!

Les aseguro que no lo inventé. Cuando  vi ese texto me di cuenta de que algo anda mal en el uso del español. Llegué a la conclusión de que esas faltas se pueden agrupar en dos grandes grupos: las que se originan por un desconocimiento absoluto de las reglas básica de la Lengua Española y las que son causadas por querer escribir los mensajes de una manera más condensada, sea por flojera o por un intento de evitar un prematuro desgaste del teclado de la computadora o del teléfono.

Las fallas del primer grupo se pueden remediar con un poco de disciplina personal.   Es cuestión de tiempo y de leer más para recordar lo aprendido en la escuela primaria. Sin embargo, la triste realidad es que existen profesionistas que llegan a escribir en un grado vergonzoso, tanto en ortografía como en redacción básica. Recuerdo tiempo atrás, siendo profesor de la carrera de Ingeniería Civil, que mientras revisaba el examen escrito de un alumno conté más de treinta faltas de ortografía en una sola página, incluyendo una en su nombre. Cuando le entregué su examen y su calificación – reprobado – el joven trató de que yo cambiara su nota, alegando que era una prueba de conocimientos técnicos y no del idioma español. Mi respuesta fue que un ingeniero civil con esa falta de preparación básica era una deshonra para nuestra profesión.

Creo que este alumno, como muchos otros, nunca entendió el mensaje, porque yo sigo recibiendo correos de licenciados, ingenieros, doctores y demás profesionistas en los que abundan groseros errores ortográficos. Otros que recibo tienen una redacción tan pobre, como aquellos sin un solo signo de puntuación, que me han llevado a pedir aclaraciones al autor para poder entender sin confusión el mensaje del texto. Esto me hace pensar que muchos “profesionales”, además de no saber escribir bien, tampoco leen; porque una pequeña dosis  de lectura diaria tiene el efecto secundario de ayudar a escribir mejor.

El segundo grupo – los mensajes con textos “abreviados” – son un problema más profundo, porque está deformando el idioma de una manera, digamos, un poco bárbara. Ejemplos: “ke” (que),  “q” (que), “pq” (porque), “tmbn” (también), “cmo” (cómo), “bno” (bueno), y una larga lista. Otro error muy común es el mal uso de los signos de interrogación y exclamación. Se elimina el signo que abre la oración escribiendo  solamente el que cierra, como en el idioma inglés. La Real Academia Española es muy clara al respecto: A diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis o los corchetes. Por tanto, es incorrecto prescindir del signo de apertura en los enunciados interrogativos o exclamativos.

Yo también tengo fallas en ortografía y redacción. Soy de los primeros pecadores en esa lista. No estoy libre de culpa y he recibido varias pedradas por ello; pero desde aquí no quiero lanzar una piedra sino una esperanza. Espero que mis tres lectores me ayuden a cuidar nuestra lengua. En la medida de nuestras posibilidades tratemos de hacer un buen uso de nuestro idioma en todos los textos que elaboremos, no importa si es un pequeño mensaje de telefonía celular o un reporte de trabajo.¿Es tan difícil escribir bien el idioma español? No lo creo. Lo difícil es frenar la pereza física y mental que lentamente ha comenzado a deformar nuestro idioma. Porque creo que el problema en el fondo es ese: la flojera. Despertemos. ¿Me ayudan?

Área de oportunidad

 

Un área de oportunidad es la manera elegante de nombrar algo que está mal: vicios, errores.

En un artículo de una revista de negocios encontré de nuevo la expresión: área de oportunidad, que por más que quiero no alcanzo a digerir. ¿Por qué tratamos de ocultar la realidad? Un área de oportunidad es la manera elegante de nombrar algo que está mal: vicios, errores repetidos, descuidos y lo que quieran acomodar en esos tres conceptos. Lo malo de usar ese eufemismo es que se pierde el sentido de urgencia: si no hacemos nada, no pasa nada. Al seguir todo igual solo perdemos la posibilidad de aprovechar un área de oportunidad. Se pierden de vista las fallas y continúan los errores,  seguimos en el hoyo cavando hacia abajo.

Se nos ha dicho que si tomamos una actitud positiva ante las situaciones  que nos presenta la vida, podremos resolverlas de una mejor manera. Esto puede ser cierto en algunos casos, pero la línea que divide el tener una actitud positiva del autoengaño inconsciente es muy delgada. Tergiversamos el lenguaje, intentamos ser más amables usando frases que son políticamente correctas: área de oportunidad. No estoy en contra del esfuerzo para no agredir a los demás por medio de las palabras, de apreciar el lado bueno de las cosas, pero creo que en algunas ocasiones el remedio es peor que la enfermedad.

Si queremos creer que cambiando las palabras podemos hacer que la gente a nuestro alrededor corrija lo que está haciendo mal, adelante, seamos políticamente correctos. Yo creo que es casi un hecho que la gente no va a cambiar nada y que las áreas de oportunidad seguirán ahí, haciendo daño. El cambio requiere de un gran esfuerzo para romper la inercia de la costumbre, cualquier intento por salir de la rutina genera una angustia que, generalmente, deseamos evitar. Debemos recordar que es natural no ver nuestros errores, siempre pensamos que estamos haciendo las cosas de la manera adecuada. Cuando alguien nos dice de frente y sin compasión que estamos mal, tenemos que elegir la opción que nos genere menor angustia: la del cambio o la de un fracaso seguro. Visto así, la famosa frase área de oportunidad no implica la urgente necesidad de cambiar algo y tampoco presenta un horizonte con la posibilidad de derrota. Muchas veces no es lo suficientemente fuerte para modificar actitudes.

No tengamos miedo de nombrar las cosas como son, a veces es necesario un poco de cinismo e irreverencia. Somos esclavos de lo que decimos, la lengua es el arma más agresiva que tenemos y puede llegar a lastimar mucho, pero es más valioso sembrar una semilla que puede o no germinar en los demás, que pasar por la vida siendo un educado pero inútil ser humano. Lo comentaba en un artículo anterior: si mis amigos son mejores, yo soy mejor, por lo tanto tengo la necesidad de ayudarlos si quiero crecer. La ayuda no es solamente marcar lo que está mal, sino decir exactamente por qué consideramos que está mal y lo más importante: debemos proponer una manera de corregirlo.

Se ha escrito mucho a favor y en contra del lenguaje políticamente correcto (LPC), la lista de resultados que arroja Google tiene más de 14,000 páginas con opiniones diversas y no existe una conclusión clara acerca de su utilidad. Lo que es real es que el uso y abuso del lenguaje políticamente correcto es más amplio cada día: Área de oportunidad, sexoservidoras, personas con capacidades diferentes, adultos mayores, adultos en plenitud, daños colaterales en la lucha armada y seguiremos inventando eufemismos para tratar de no lastimar otras personas. Pensamos que cambiando las palabras cambiarán las cosas, pero en realidad las escondemos.  Mejor cambiemos actitudes, no el lenguaje; seamos honestos.