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Somos lo que soñamos…

 Publicado en Avenida Digital 3.0 el 12 de mayo del 2016

“…nada es verdad, aquí nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.”
Nicanor Parra

Soy, como todos, una extraña mezcla entre lo que debe ser y lo que es. Encuentro esa diferencia cuando en Facebook o Tuiter llegan a mi cuenta mensajes que hablan del sentido de la vida. Los miro y, si yo fuera una persona completamente normal, madura, con una amplia perspectiva, ávido de lograr mi realización plena como hombre, debería leerlos con atención y hacer un esfuerzo sobrehumano para aplicarlos. Las personas que los mandan colocan paisajes altamente bellos y motivadores, ya que hacer lo que se menciona en ellos muchas veces requiere de una energía que, en caso de tenerla, sería la de un superhéroe. De esta manera logran crear la unión perfecta: palabras exactas, breves, trascendentes, con imágenes de bellezas naturales; mezcla que me encamina a la reflexión. A veces, debido a la profundidad del mensaje, el paisaje es reemplazado por una fotografía con personas que ejemplifican aquello que está escrito. Realmente, despiertan el deseo de superación que, a veces, permanece escondido bajo la sombra del diario vivir. Una frase: “El cielo no es el límite, el límite está dentro de ti”, me puede encaminar a romper fronteras, buscar más allá, encontrar que lo imposible es posible.

Siempre me ha motivado encontrar este tipo de mensajes en mis redes, sobre todo por la mañana, pues cambian de manera significativa mi caminar a lo largo del día. Me hacen pensar en todo momento lo que debo hacer y lo que en verdad hago. Sin embargo, al evaluar mis acciones, puedo notar que muchas veces existe una diferencia notable entre esas dos cosas, en otras palabras: soy un desastre. Pero no importa, “Cuando has perdido algo, recuerda: la esperanza no se pierde”. Gracias a esos textos sé que lograré salir de mi estado de mediocridad. En mí habita un ser inquieto, ávido de superación, que puede caminar con decisión en nuevas sendas, salir victorioso de los retos que se presenten y no perder una ilusión: poder encontrar las llaves de mi carro que perdí el día anterior.

“Soy aquello que sueño”, decía uno esta mañana. Fue increíble. El problema es que no puedo recordar lo que soñé, ¿querrá decir que soy un ser etéreo que vive en el mundo del olvido de todos? No creo que ese sea mi destino, algo debe estar mal. Lo más probable es que no entendí bien el sentido del mismo. La fotografía que lo acompañaba era un hombre mirando las estrellas desde el borde de un precipicio. Hasta donde recuerdo, jamás quise ser astrónomo o clavadista en La Quebrada. No debe ser eso. Otra posibilidad es que tenga un significado superior a mi intelecto, lo he llegado a suponer porque en esa imagen se percibe que esa persona está parada en lo más alto del paisaje, seguramente es una simbología oculta que habla de inconmensurables y elevados niveles. A veces, entenderlos de manera correcta es realmente complicado.

Alguna vez llegó uno que decía: “Ser congruente, sin temores, es ser Hombre”. Esa rara cualidad que, según lo que estaba ahí, debería ser parte de mí. Se supone que, al hablar de congruencia, debe existir una cohesión de vida con todo lo que mencionan esos mensajes. Los que me conocen dirán que soy perfectamente incongruente, sobre todo al leer esta columna. La verdad es que soy, como todos, un ser coherente. Lo que pasa es que algunos de los motivos por los cuales hago las cosas de determinada manera son egoístas. Por ello, prefiero mentir o sencillamente ocultarlos. Incluso esa acción, la de esconderlos, concuerda con una de mis intenciones: brindar la imagen de persona confiable, recta, lo cual hasta cierto punto es verdad, pero como la perfección solamente existe en los libros y en aquello que inunda las redes sociales, tengo que torcer mi actuar para ser compatible con el mundo que me rodea y ser un Hombre que enfrenta, sin temores, su destino.

Sé que existirá aquel que me señale molesto al pensar que lo que está aquí es ironía. Eso no importa. La verdad es que no hablo de un universo ficticio, sino de aquello que me rodea y observo. ¿Qué tiene este mundo? Personas que buscan la manera de sentirse bien, tranquilos y felices. Algunos lo logran al enviar mensajes que pueden no servir para nada; otras al intentar seguirlos y algunos al leer algo medio fuera de lugar, pero divertido. De cualquier modo, la meta es buscar nuestra senda hacía el éxito, desafíos que motiven el andar y así, lograr lo que soñamos (si es que podemos recordar qué fue eso).